Paciencia, la Virtud Más Grande de un Fotógrafo - 2da Parte


¡Hello People!

Como les prometí en el artículo anterior, continúo con la segunda parte del post “Paciencia, la virtud más importante de un fotógrafo”.
Fotógrafo Esperando a que la Luz se adecue

De acuerdo a lo que se había dicho antes, concluimos la primera parte con la premisa de que, siempre que podamos, tenemos que convertir una foto interesante en una foto aún más interesante, a través de la habilidad de esperar, ya sean segundos, minutos, horas o días, pues, “Nunca sabrás lo que conseguirás si nunca te has quedado para saberlo”.

Así que, si aún no has empezado a leer sobre este tremendamente importante tópico, te recomiendo que lo hagas ahora, a modo de no perderte cuando leas su continuación.

Pues, continuando entonces con una traducción semi-literal (Pues tiene acotaciones mías y adaptaciones al contexto), continuamos leyendo:

En Palabras de Bob Caputo: “Estas imágenes traen lo que creo que es uno de los principales problemas de la fotografía digital, el Síndrome de “La tengo”. Porque ahora simplemente podemos presionar el obturador e inmediatamente ver la imagen, hay una tendencia a realizar un vistazo rápido (Mantén e mente que una pequeña pantalla LCD no es la mejor manera de juzgar una fotografía, especialmente en exteriores y días soleados), pensar que “Ya la tienes”, y pasarte a buscar otro sujeto fotográfico.

En los días de rollo, cuando no podíamos ver las fotografías hasta el momento en el que volvieran del laboratorio, había mayor incentivo para quedarse con un único sujeto y trabajar más duramente la situación. Quizás se trató de inseguridad o miedo, pero cualquiera sea la motivación, esta tenacidad me llevó a capturar una cantidad de momentos que, de otra manera quedarían sin guardarse.

No estoy diciendo que es una buena idea quedarse con situaciones que parece que no van a ningún lado, o tomar millones de exposiciones de la misma invariable cosa. Pero si algo te golpea como siendo digno de fotografiar, entonces es ciertamente acertado ocupar cierto tiempo en él. A medida que el sujeto o la escena cambie, tu conocimiento del mismo y tu acercamiento cambiarán también (cuanto más tiempo pases con algo, mejor lo conocerás. Piensa en ello como si tú y tu cámara están bailando con el mundo, y lo que ves a través del visor es la música), eso establece el ambiente y el ritmo al que te quieres unir, y así grabar la imagen.

Como esos dos, quienes estuvieron haciendo una pequeña danza por su cuenta (Me gusta más la del medio):


O aquí, en el norte de Sudán, en donde estuve haciendo la imagen de una mujer anciana sentándose fuera de su casa. Incluí la entrada vacía simplemente para mostrar que se trataba de una casa y porque la misma balanceaba a la mujer. Pero no fue una gran toma, y mi corazón no estaba realmente en ella (Revelación total: A veces expongo cuadros porque estoy sentado por ahí esperando por algo y necesito algo para hacer). Entonces, mientras estaba disparando, la niña se asomó a través de la puerta para ver lo que estaba ocurriendo (Y dio un vistazo a su abuela). Voilá!


Yo sabía que tampoco debería estar realizando la toma de abajo, muy aburrida. Esto fue en el Reino de Mustang, una región remota de Nepal en lo alto del Himalaya. Podría haber estado escalando montañas arriba y abajo todo el día, y estaba exhausto. El guía y los guardias habían descendido ya hasta la villa, en donde íbamos a pasar la noche; pero yo simplemente me senté en medio del camino. Sabía que si bajaba a la villa, al atardecer, cuando hubiera mejor luz, tendría un momento difícil al intentar subir de nuevo por el sendero.

Necesitaba una toma para mostrar cómo las villas y los campos están anidados junto a los cauces que enlazan el, por el contrario, estéril y de gran altitud yermo seco. Esto parecía un buen candidato, así que me senté ahí y esperé a la Luz.

Después de un rato, un niño que estaba pastoreando cabras a través del suelo del valle me vio, y, como los extranjeros son escasos, quiso fijarse mejor. Escaló hacia mí e intercambiamos signos lo mejor que pudimos (No teniendo lenguaje común). Entonces se dio cuenta de que su rebaño se estaba yendo por la dirección equivocada, así que agarró unas piedras y las arrojó por la montaña para que éste se girara. Justo lo que mi foto necesitaba, un centro de interés haciendo algo dinámico, con el beneficio añadido de mostrar al tipo de gente que habita en el valle aledaño. Otra vez, voila, porque esperé y no quedé satisfecho con la primera foto, (Bueno, en realidad, porque estaba cansadísimo). Pero está esta cosa acerca de la "Serendipia" (El Dios de los fotógrafos). Por supuesto, las cosas pasan inesperadamente, pero tienes que irte allá afuera y hacerte disponible o ella no vendrá para una de sus adorables visitas.


Entonces, si ves algún sujeto o situación que te atraiga, alguna que haga que tus genes fotográficos se despierten, quédate con ella. Trabájala hasta que la situación se disuelva o estés seguro de que hayas conseguido lo mejor de ella. Pero hay una excepción: No esperes mucho tiempo o terminarás con algo parecido al así llamado retrato que Cary hizo de este perro.”


Hasta acá llega el artículo escrito por Bob Caputo y Cary Wolinsky, creo que, la poca experiencia que tengo ya me demostró que generalmente la mejor foto no es la que nace en el primer intento, y, el truco está en que cuando esperemos pacientes a que suceda lo que queramos, también hay que esperar lo inesperado, puesto que cualquier gesto, cualquier movimiento, cualquier mirada o cualquier intrusión de agentes externos en la escena, pueden convertirla en el registro de un momento único e irrepetible.

Por eso, así como estos hombres, me gustaría compartir una fotografía cuya historia se adecua al tema que estamos tratando:

Las fotografías de abajo las tomé cuando estaba recorriendo el centro de Asunción en busca de oficios y profesiones del Py. Ocurrió cuando, mientras pasaba por el Panteón de los Héroes, noté que al lado de los Guardias de Honor que suelen resguardar  inmóviles el edificio, se hallaba este niño con un rifle de juguete idéntico al de los marinos, quien imitaba exactamente la pose de los soldados. Sin dudarlo mucho, saqué mi cámara y empecé a fotografiarlos, y ya de por sí me dieron fotos interesantes, pero no me convencían, quería algo más extraordinario, así que esperé alrededor de 10 minutos (Realizan un cambio de guardia cada 15 minutos) y pude observar cómo este niño copiaba todos y cada uno de los movimientos de estos hombres, y no fue hasta el momento en el que conseguí captar su mirada atenta a lo que hacían, cuando decidí que ya había conseguido la foto que buscaba.

Posando Previo al Cambio de Guardia

Tradición del Cambio de Guardia
Como siempre, espero que este artículo los haya inspirado, y haya abierto sus mentes, al punto en el que no volverán a realizar otra fotografía sin pensarlo dos veces, puede que quizás les parezca un poco insulso el hecho de que le haya dedicado dos días a hablar sobre la paciencia, pareciera como si hablara del amor, algo muy obvio y muy abstracto, pero lo que hace a la virtud que nos toca tan única, es que pueden ver los resultados que da a simple vista, si no lo captan, vuelvan a ver todas las fotografías de ambas partes.

Y, por último, la próxima vez que vean una gran foto, piensen un momento en cuánto tuvo que haber esperado su creador para hacerla, en qué pensó, cómo pensó, y qué tan rápido lo hizo.
¡Eso es todo por hoy! ¡Hasta la próxima y Carpe Diem People!

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