Columna del Editor: No Hay Excusa para No Fotografiar

Hoy quiero contarles una pequeña anécdota.

Hace un par de días, un amigo me pidió que lo acompañe a buscar a su hermana del aeropuerto, quien entonces llegaba de España.

El viaje lo emprenderíamos a medianoche, así que fui a buscar a mi mejor amiga de su casa, quien tendría la tarea de mantenerme despierto durante la madrugada, y de paso me haría compañía;  luego fui a buscar al amigo en cuestión.
Algo en mi interior me decía que lleve alguna de mis cámaras, pero el saber que era medianoche, el cansancio, y el hecho de no conocer en absoluto a la peregrina que íbamos a buscar, me hicieron desistir de hacerlo.

Ya pasado un tiempo de estar esperando a que el vuelo de nuestra persona llegue, mi amiga y yo nos pusimos a observar detenidamente a cada una de las pocas personas que se amontonaban lentamente frente a las puertas de desembarco.

Momentos como éste hacen a la fotografía
Personas de todas las edades componían el grupo, desde recién nacidos hasta septuagenarios, y todos esperando a alguien. De hecho, nos llamó la atención un grupo en particular, compuesto por lo que comúnmente se conoce como familia numerosa, con carteles y pancartas de bienvenida en honor a una tía que no veían desde hace tiempo (O eso suponíamos). 

Y así como ellos, esposos, esposas, madres, padres, hijos, novios y novias. 

Como nosotros nos limitamos a observar, también estábamos pendientes a las reacciones de cada uno de ellos al momento de producirse los esperados encuentros.

Ya pasado un rato, en determinado momento, el aire empezó a llenarse de risas, gritos, saltos, sollozos y abrazos... Y no fue sino hasta después de haber llegado a casa, un par de horas después, cuando me di cuenta de lo poco inteligente que fue no llevar ninguna cámara.

Todas las emociones que podría haber capturado en apenas 1 hora, perdidas por no haber contado con una SLR y una 50 mm. en ese momento. 

Claro, no me pondría a tomar fotos sin permiso tampoco, supongo que podría encontrar la forma hasta de enviárselas a cada una de las familias, creo que eso es lo de menos. 

Es bueno recordar, que la fotografía callejera nos enseña que, donde sea que vayamos, tenemos que estar preparados, es decir, con una cámara a cuestas. La vida está hecha de emociones pasajeras, y nuestro trabajo como fotógrafos, es registrarlas, ya que sólo se dan una vez, y no dejarán de darse por excusas nuestras.

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