Columna del Editor: Los Grandes Fotógrafos Expedicionarios de Antaño

Con los años, la fotografía ha permitido a fotógrafos cada vez más intrépidos, documentar los lugares más inhóspitos y a la vez más fascinantes de todo el mundo.

Satsuma Samurai during Boshin War Period - Felice Beato

Pero la exploración y la investigación con fines documentales y artísticos no son cosas nuevas, pues si nos remontamos a finales del siglo XIX, y a principios del siglo XX, veremos que grandes proyectos han hecho eco de mano de algunos de los fotógrafos más audaces de la época.


Y para entender el contexto en el que estas fotografías se realizaban, tenemos que entender en primer lugar, cómo se capturaba una fotografía:

Herbert Ponting y su cinematógrafo
durante la expedición con Scott.
Hasta la llegada de la cámara portátil de Kodak en el año 1895, los fotógrafos tenían que lidiar con equipos de dimensiones sobrecogedoras, y que además de ser difíciles de transportar, tampoco les ofrecían facilidades de ningún tipo, puesto que los tiempos de exposición eran muy largos, desde 15 minutos en los modelos más antiguos, hasta 10 segundos en los más novedosos. Luego de eso, el proceso que le esperaba al profesional no era más fácil, debido a que los materiales que requería para el revelado no sólo eran costosos, sino que el tiempo de espera y el trabajo requerido para ver una copia de las imágenes era muy tedioso.

Para darles una imagen clara de lo que tenían que sufrir, quiero que se imaginen a una mula cargando 80 kilos de equipo fotográfico a través de terrenos irregulares y difíciles de transitar. La imagen de la mula es real, y el fotógrafo dueño de los 80 kg seguramente la estaría guiando al frente con una caravana o montado en su propio corcel. Una vez que el profesional llegue hasta el destino a fotografiar, debería desmontar su equipo, prepararlo, revelar las fotos en su cuarto oscuro móvil, y luego volver a montarlo. Pueden sumarle las inclemencias del tiempo si así lo desean.

Es cierto que, aunque estos hombres arriesgaban sus vidas con tales hazañas, eran recompensados de igual manera cuando llevaban sus resultados de vuelta al viejo continente.

Trabajos etnográficos de gran trascendencia trajeron consigo conocimiento de culturas ancestrales antiquísimas, obra de proyectos como los de Felice Beato (1832-1909), con su ensayo sobre los Samuráis del Clan Satsuma, de 1868 al 69', o las Mujeres Betsimisaraka (1863) del filántropo francés Desiré Charnay, realizadas en una expedición científica a Madagascar.

Mujeres Betsimisaraka (1863) - Desiré Charnay


Aquí en Paraguay, también hemos tenido la suerte de contar con fotógrafos que hicieron a la vez de antropólogos, y uno de los más importantes fue Auguste François, cónsul de Francia en Paraguay entre 1894 y 1895. Este hombre registró en más de 200 imágenes la vida diaria que se desarrollaba en este país, ejerciendo a la vez sus labores diplomáticas.

Cuatro personas indígenas de la colonia González, Caazapá-Paraguay (1894) - Auguste François

Y junto con el ámbito socio-antropológico, otros trabajos, en cambio, buscaban documentar obras del hombre y de la naturaleza, con el objeto de acercarles esa parte del mundo a todos aquellos que no podían darse el lujo de visitarlos. 

Así, dentro de esta misma línea, destacaron grandes proyectos, como el de Linnaeus Tripe (1822-1902), fotógrafo oficial del gobierno de Madras, quien retrató la arquitectura hindú en el año 1858, a través de más de 300 fotografías, de las cuales sólo 16 consiguieron ver la luz en el libro History of Indian Eastern Architecture (1876), de James Fergusson. Una de las fotografías más reconocidas de esta serie es Madura, Tribul Naik's Portico (1858)


Madura, Tribul Naik's Portico (1858) - Linneaus Tripe

Cierto es que así como Tripe o Charnay hubieron muchos audaces que emprendieron la tarea de recorrer el mundo. Y entre los mil y un relatos -y sus fotos- que la historia nos ha dado a conocer sobre estas hazañas, encontré dos especialmente interesantes, pues transcurren entre los años 1910 y 1917, y tienen como protagonistas, a los fotógrafos Herbert Ponting y Frank Hurley...

A principios del siglo XX, se dieron a conocer entre el público algunas de las fotografías más increíbles, bellas y atrapantes, sobre un lugar del mundo nada explorado hasta ese momento (Pues no había sido descubierta aún por Roald Amundsen)... era la Antártida.

Herbert Ponting (1870-1935), fotógrafo de profesión, había decidido acompañar al explorador y capitán de navío Robert Falcon Scott y al fotógrafo Frank Hurley a una expedición al Polo Sur, con el objeto de conseguir imágenes de una de las zonas más arduas para la subsistencia humana. Además del equipo pesado, los documentaristas se enfrentaron a las temperaturas bajo cero que interferían constantemente con su trabajo.

A radiant turret lit by the midsummer midnight sun (1912) - Frank Hurley

Ponting se unió como fotógrafo oficial de la Expedición Antártica Británica en el año 1910, y volvió con el Terra Nova a Londres en el año 1912, con más de 1.700 chapas fotográficas, dejando atrás a Robert Scott y a otros expedicionarios, quienes permanecieron en el Polo Sur sólo para enterarse de que Amundsen había llegado más de un mes antes. Tiempo después, se enteró de que su amigo, el Capitán Scott, falleció durante esa última expedición. 

Gruta en un Iceberg, el Terra Nova en la distancia (1911), es una de las fotografías más icónicas de Ponting, y en ella se ven al geólogo Griffith Taylor (Izquierda) y al meteorólogo Charles Wright (Derecha) en una formación natural en medio del hielo. Era la primera vez que un fotógrafo profesional acompañaba a una expedición antártica.

Después de la muerte de Scott, Ponting se aseguró de que su heroísmo no fuera olvidado, recorriendo el Reino Unido dando charlas al respecto. Publicó el libro The Great White South (1921), y lanzó un film sobre la expedición, 90° South, en 1933.

Frank Hurley, por su lado, también trabajaba como fotógrafo oficial cuando la Expedición Trasatlántica Imperial de Ernest Shackleton de 1914 a 1917, vio a su barco, el Endurance (Resistencia), ser apresado entre icebergs y romperse hasta ser hundido. Mientras el navío se hundía, Hurley, quien también había trabajado con Ponting, intentó salvar las chapas lanzándose al agua helada que invadía la proa. Y pese a que ni Shackleton ni Hurley consiguieran cargar con todas las fotografías, terminaron escogiendo las 120 mejores de las 500 que pudieron recuperar, fotos que posteriormente acabarían en exposiciones, libros y películas.

Gruta en un Iceberg, el Terra Nova en la Distancia (1911) - Herbert Ponting

Sí, lanzarse a explorar lo desconocido en muchas ocasiones puede considerarse un riesgo, y es bien sabido que grandes exploradores han perecido bajo el peso de su propia curiosidad, pero no cabe ninguna duda de que fotógrafos como Tripe, Hurley o Ponting  no sólo han inspirado a los trabajos fotográficos más importantes de la actualidad, sino que han permitido al resto del mundo, saber que todavía queda mucho por conocer.


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