El Celuloide o Film de 35mm. - Muriendo Lenta y Dolorosamente

A pesar de que mi columna Café Vintage se mantenga como el artículo más leído en la historia del Blog, de igual manera no creo haberle dedicado al film analógico el espacio que se merecía. Y con la reciente noticia de su desaparición, siento que es hora de que obtenga un lugar importante entre las filas de lectores. Esto, a través de varios artículos, columnas y análisis que ayuden a vislumbrar los motivos detrás de su declive contra lo digital.

George Lucas rodando Star Wars episodio IV: Una Nueva Esperanza (Foto). El director y productor JJ Abrams, quien dirige la esperadísima Star Wars Episodio VII, eligió filmarla en carrete.

Ésto es parte de una noticia publicada por la web Infobae el 21 de Enero de este año (2014):

"Después de 103 años, la empresa productora y distribuidora Paramount Pictures puso punto final a las copias fílmicas en 35mm. 20th Century Fox y Disney harán lo propio en breve.

Según Los Angeles Times, la decisión podría empujar a otras compañías a hacer lo propio en breve, antes de que finalice el año. "Por 120 años, el film y 35mm fueron el formato elegido para las presentaciones. Ahora estamos viendo el fin de eso. Estoy shockeado por lo que sucede", dijo Jan-Christopher Horak, director de Archivo de Cine y Televisión de la Universidad de California.

20th Century Fox envió una carta a sus socios en 2011 para avisarles que terminarían con la distribución de filmes en 35mm "en un par de años". Disney hizo algo similar con los cines, recordó Los Angeles Times.

De las 40.000 salas que funcionan en los Estados Unidos, solo 3.000 siguen siendo en 35mm."

Laboratorios como Fuji, Kodak o Technicolor cesando en la producción y distribución de estos films en el año 2013 fueron la señal clara de que el mundo se terminaría para aquellos amantes de la fotografía y el cine analógicos.

Originalmente, la trilogía del "Caballero de la Noche" fue filmada en celuloide. Christopher Nolan es un defensor declarado del formato 35mm.

Fue así que la premiada artista visual británica Tacita Dean, reconocida a nivel mundial por sus películas y fotografías, escribió una columna de opinión bastante interesante el año pasado, que indica cómo se verían afectados los artistas al no poder trabajar ya con este formato. Esta es una traducción de Juan Gabriel López Guix para el periódico La Vanguardia.

"Pronto sabremos si el celuloide -la película fotoquímica- logrará sobrevivir al apocalipsis que le ha caído encima. El ascenso de lo digital ha sido tan completo y vertiginoso que incluso las más funestas predicciones acerca de la supervivencia del cine analógico parecen ahora haber pecado de optimistas. Fuji dejó de producir rollos de película en marzo del 2013. Kodak sigue en concurso de acreedores. Los laboratorios desaparecen y se acercan a la extinción, mientras que el conocimiento técnico o el personal especializado se convierte en redundante o se prejubila. Las salas que carecen de dinero o de voluntad para cambiar sus proyectores analógicos por otros digitales se ven obligadas a cerrar. Si consideramos que se trata de una batalla a muerte, se puede decir que lo digital ha ganado. El progreso ha superado a su más lento predecesor y se ha impuesto. El nuevo formato cinematográfico es, sin lugar a dudas, digital; pero la velocidad de la transición, organizada por una minoría en nombre de la mayoría, resulta indecente e irresponsable. Además, se está produciendo con un enorme coste cultural y manteniendo de modo intencionado al mundo en la ignorancia de cuanto está a punto de perder.

Por desgracia, el debate se ha polarizado demasiado y se ha planteado en términos equivocados. De forma inevitable, se ha centrado en la evolución técnica del ámbito digital y en la obsolescencia natural del celuloide. Esa sólo es, claro está, una parte de todo el asunto. Sin embargo, la tergiversación de las diferencias artísticas y culturales fundamentales entre crear imágenes en movimiento por medios digitales y crearlas con celuloide no sólo ha significado un fracaso a la hora de reconocer el potencial del nuevo cine digital, sino que, de modo más grave, ha apresurado la desaparición de la otra forma igualmente válida de hacer películas, es decir, con negativo de cámara. 

El celuloide y lo digital son técnicas diferentes y producen cines diferentes. En sus mejores expresiones, los directores lo comprenden y obtienen el máximo provecho del potencial intrínseco de cada medio. El celuloide tiene como disciplina interna el tiempo y la verosimilitud. Eso significa que ningún rollo puede durar más de once minutos y que lo que se filma es lo que se obtiene. Lo digital es una técnica de la duración, la comodidad y la flexibilidad, y lo que se filma es muy a menudo una plantilla para lo que puede añadirse después en el proceso de posproducción. Así pues, el celuloide requiere rigor e invención en el momento de la toma de imágenes, mientras que lo digital tiene el potencial de ser acomodaticio y manejable. A ambos formatos les corresponden prácticas de trabajo muy distintas y resultados visuales diferenciados que impregnan todo el proceso y producen tipos diversos de cinematografía. 

A los cineastas, los directores de fotografía y los artistas les gustaría conservar la libertad de elegir su técnica de acuerdo con el proyecto que desean llevar a cabo. La llegada de lo digital debería haber aumentado esa versatilidad y esa vindicación autoral, pero en vez de eso la eliminación del celuloide las ha reducido y restringido: a partir de ahora sólo cabe hacer cine en formato digital. En lugar de alegrarse por contar con dos técnicas cinematográficas, parece que el sector es más feliz volviendo a tener sólo una; y el mayor y más asombroso problema es que los estudios consideran que no importa, que cine analógico y digital son lo mismo, y que nadie se ha dado cuenta de las diferencias. En el fondo, son sólo películas. De modo paradójico, las películas analógicas constituyen nuestra memoria cultural, pero el sector necesita que olvidemos el aspecto que tenían. Para ser proveedores de visión, están mostrando una sorprendente falta de ella.

En consecuencia, el celuloide se ha visto forzado a adoptar una posición defensiva, y el debate se ha reducido al coste, la comodidad y la obsesión por la resolución de la imagen. Al decretar que ya no exhibirán películas de 35 mm, los estudios han dejado a las salas sin más opción que digitalizarse. En el caso de los multicines y las salas donde se proyecta el cine más convencional, se trata de seguir el ritmo del progreso; pero, para las pequeñas salas de repertorio y arte y ensayo con programas históricos y eclécticos, se trata de un asunto existencial: digitalizarse o morir. Mientras tanto, sólo los directores influyentes pueden seguir insistiendo en rodar con negativo frente a una enorme ola de presión fiscal. Los estudios están cortando el sustento a los fabricantes de película que producen negativos de cámara y copias para proyección; y estos, junto con los laboratorios que llevan a cabo el revelado, se ven condenados a pelearse por el reparto de unas pocas migajas. Tras el cese de la producción de celuloide por parte de Fuji, Kodak será el único fabricante con producción mundial de negativos en color y películas positivas, y la compañía se encuentra en una situación precaria. Los últimos fabricantes europeos, Orwo y Agfa, sólo producen negativos de separación en blanco y negro para fines de archivo. Es como si todo el mundo ya se hubiera rendido.

La pregunta es: ¿por qué tenían que ser los estudios tan absolutistas en su conversión a lo digital? Resulta evidente que la proyección digital ha ahorrado a los estudios enormes cantidades de dinero en positivos y envíos de positivos. Ahora bien, ¿por qué no hay suficientes beneficios para permitir cierto margen a la pluralidad, para que algunas salas sigan proyectando películas con película? Existe un amplio consenso acerca de la falsificación de la experiencia original que supone proyectar digitalmente un clásico hecho en celuloide, puesto que con ello se impide el verdadero encuentro con la obra originaria. Por lo tanto, ¿por qué hay que dejar de prestar copias a las salas de arte y ensayo que todavía conservan un público capaz de comprender eso? No todas las películas gozarán del éxito suficiente para hacer la transición al "paquete digital para cine" (DCP, en sus siglas inglesas). ¿Quién toma esa decisión? ¿Cuántas películas de vanguardia o de serie B vamos a dejar de ver como consecuencia de ello? Es como permitir que nuestro contable seleccione nuestra colección de música: podemos confiarle nuestro dinero, pero no nuestro gusto. ¿Dónde está el deber de protección por parte de la industria de la técnica con la que fue fundada? Si perdemos el celuloide ahora, lo perderemos de verdad. No le corresponde sólo a la industria deshacerse de él, pero es lo que están haciendo. El celuloide nos pertenece a todos.

"A Roma con Amor". Foto propiedad del usuario @nuelma3 de Taringa. "Y miren a quién tenemos acá (fue la primer película con la que proyecté oficialmente, me torturó)" Recordando al film analógico en este artículo.

Escribo este artículo en tanto que artista. No tengo más relación con el sector cinematográfico que el hecho de que mi principal técnica es la película de celuloide, que proyecto en forma de instalaciones cinematográficas en galerías de arte y museos. Sigo montando cortando y empalmando el positivo; su materialidad es mi arcilla y mi pintura. Soy una artista y necesito la resistencia física del material con el que trabajo, de modo que no pido disculpas por el pintoresco anacronismo de mi proceder. A veces uso tiza sobre una pizarra o pintura sobre una fotografía. Me resisto a perder mi proceso de trabajo y la posibilidad de contemplar -y de que otros contemplen- mis películas. Sin embargo, ésa es mi ansiedad y mi mala suerte. Tengo 47 años, pero elegí en la escuela de Bellas Artes una técnica que no parece que vaya a sobrevivir a mi carrera.

Lo cierto es que disto de estar sola. Además de los propios artistas, también los museos y las instituciones artísticas, en posesión de colecciones de películas y fotografías que se remontan a principios del siglo pasado, se enfrentan a una pérdida crítica en su capacidad para mostrar y conservar semejantes obras. Los museos tienen la responsabilidad de mostrar la obra de arte con la técnica en la que fue realizada. Nadie lo discutiría en el caso de una pintura al óleo, y lo mismo se aplica a las obras realizadas con todas las demás técnicas, lo cual incluye las películas y la fotografía. Un museo es un espacio donde todavía es posible un encuentro físico con la obra de arte. Hace unos meses, se creía que los museos podían convertirse en los últimos lugares donde vivir la experiencia de contemplar cine analógico; ahora bien, si no se protege la producción de rollos de celuloide, incluso esa perspectiva empezará a parecer descabellada.

Y también parece comprometida la capacidad de los archivos nacionales para conservar y proteger más de un siglo de patrimonio cinematográfico. El soporte digital sigue pareciendo un material de archivo inestable y poco fiable. La continua migración entre formatos con diferentes grados de compresión, que no dejan de cambiar y de actualizarse, ha hecho que el archivista y cineasta Ross Lipman compare lo que está ocurriendo con una torre de Babel: una cacofonía de formatos en tanto que algo opuesto al lenguaje fílmico universal. No deja de resultar paradójico que siga recomendándose la práctica de almacenar en negativo incluso las obras realizadas digitalmente. 

La situación se ha vuelto tan grave que un número cada vez mayor de individuos, instituciones y organizaciones, incluidos los principales museos y archivos cinematográficos del mundo, se han unido al llamamiento realizado en el 2008 por el director de fotografía y ganador de un Óscar Guillermo Navarro para que la Unesco reconozca y proteja el formato del celuloide en tanto que lenguaje artístico declarándolo Patrimonio Universal de la Humanidad. Como ha afirmado Navarro: "El filme es la piedra Rosetta de nuestro tiempo, pues desde que se inventó el cine hace algo más de cien años se ha convertido en un medio universal para contar historias que han entretenido e iluminado a la gente en todo el mundo". 

La humanidad está a punto de perder uno de sus inventos más importantes: el formato que ha utilizado durante más de un siglo para describirse a sí misma con medios lumínicos, ópticos y químicos. Ahora tiene el cine digital, pero estamos hablando del celuloide. Los necesitamos a los dos; necesitamos la coexistencia y el poder elegir. Hago un llamamiento a los visionarios de la industria cinematográfica para que detengan este cáncer y evalúen lo que tienen y están a punto de perder. Por favor, tomen ustedes medidas eficaces para proteger de forma inmediata la fabricación de negativos y positivos, empezando por permitir que se rueden y exhiban películas analógicas en lugar de impedir activamente que eso ocurra".

Continuaré hablando sobre el tema en siguientes artículos, pero mientras tanto, si no han probado aún fotografiar con una cámara analógica, recomiendo personalmente que, de no tenerla guardada sus padres, se la pidan a algún tío, amigo o abuelo, y luego vayan a comprar rollos en algún laboratorio de renombre.

Cada vez habrán menos rollos, y serán más costosos.

Hasta la Próxima! Y Carpe Diem!

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